El Niño Fidencio

 

 

 

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El Niño Fidencio
Un Santo Popular para el Nuevo Milenio

Texto original de Antonio N. Zavaleta
Universidad de Texas en Brownsville

Recopilación Ing. Horacio Domínguez Lara
Colegio Investigaciones Históricas del Centro de Coahuila A. C.

RESUMEN

México es conocido como un país lleno de misterio y paradojas. El México de hoy es producto de una lucha entre dos culturas con distinciones particulares: la del natural americano y la del español. En el siglo XVI los conquistadores españoles, en busca de aventura y riquezas, trajeron a México una rara mezcla de caballerosidad y devoción religiosa (Boone, 1989).

Muchos de los militares españoles eran laicos de órdenes religiosas y vivían con la esperanza de resucitar las cruzadas. Los líderes religiosos, sin embargo, esperaban establecer una utopía y preparar el camino para la segunda venida de Cristo (Darley, 1968).

UN CHOQUE ENTRE DOS CULTURAS Y LA ACULTURACION

El catolicismo español incluía una plétora de prácticas medievales. Estas ideas encajaban bien y realizaban el mundo de superstición en el cual Vivian los indígenas. Los frailes, entusiasmados en su deseo de predicar el catolicismo, de inmediato se dieron cuenta de que su éxito dependería de tolerar y aceptar sus creencias y prácticas. Con el tiempo, muchas creencias indígenas traspasaron las puertas de la Iglesia Católica en forma física y simbólica. Esto finalmente abrió las puertas a la aculturación y algunas de estas prácticas fueron adoptadas en forma oficial por la Iglesia Católica de México.

La aculturación ocurre cuando una cultura se mezcla con otra y se pierden rasgos característicos durante el proceso. El resultado ha sido la creación de una religión católica extraoficial, a la par de una religión católica oficial.

Hoy en día, después de casi quinientos años, existe una gran diversidad entre la práctica del catolicismo y su “otro yo”: el llamado catolicismo mexicano o catolicismo del pueblo (Madsen, 1967).

Las creencias compartidas entre el catolicismo oficial y el catolicismo del pueblo incluyen la encarnación de Dios hecho hombre, su vida y enseñanzas terrenales, su muerte o su partida y la promesa de volver para establecer una sociedad utópica (Morinis y Crumrine, 1991). Además, el concepto de una diosa virgen es fundamental en ambas creencias, al igual que la creencia en la existencia de un sinnúmero de dioses menores o santos, de quienes se cree que tienen el poder de afectar la vida de todo ser viviente. Finalmente, la existencia de lugares santos, sagrados, representa algo esencial en ambos credos. Mientras que las dos religiones coexisten y comparten creencias similares, sirven a diferentes grupos de la población. El catolicismo tradicional llena las necesidades de los españoles, sus descendientes y la clase acaudalada. El catolicismo del pueblo responde a las necesidades de los pobres, de los indígenas y mestizos que descienden de la mezcla racial entre españoles e indígenas.

Hoy, al igual que ayer, gran parte del pueblo mexicano vive a lo largo del país en pueblos, aldeas, rancherías y poblaciones diversas. Los extensos grupos familiares por lo general llevan una vida de subsistencia, aislados de los grandes centros religiosos, culturales y económicos. Es por lo regular entre estas gentes, en el medio rural, donde florece la práctica del catolicismo del pueblo.

LA ESTRATIFICACION SOCIAL EN MEXICO

La distribución de la economía y del poder en una sociedad define la estratificación del sistema social. Las sociedades se diversifican enormemente, hasta el punto en que la gente comparte o se rehúsa a compartir recursos sociales. Un aspecto importante en cualquier sistema social es la oportunidad que tiene el individuo de mejorar en forma material. A dicho movimiento se le conoce como movilidad social.

Los tipos de movilidad social varían considerablemente entre las sociedades. Por ejemplo, en el sistema de castas en la India, hay poca oportunidad para la movilidad social. La casta en la que se nace determina el desarrollo del ser humano, el tipo de trabajo que desempeñará en la sociedad, con quién se puede casar, con quién y cómo entablará una relación. Las reglas se refuerzan a través de la religión hindú. El individuo que nace en una casta, muere en esa casta; es más, sus hijos vivirán y morirán dentro de la misma casta.

Los sistemas de clases característicos de las sociedades industrializadas, como los Estados Unidos de Norteamérica, son aquéllos en los que se puede subir o bajar de escala social.

Otro sistema social en el que se tiene la oportunidad de tener movilidad social, más que en el sistema de castas, pero menos que en un sistema de clases, es conocido como sistema patriarcal. México tiene dicho sistema. Los sistemas patriarcales son típicamente rurales, en los que quienes se encuentran arriba son los propietarios o quienes tienen el control de la mayor parte de la tierra. Por ser dichas sociedades poco industrializadas, y debido a que las oportunidades de educación se otorgan sólo a los económicamente pudientes, la mayoría de la gente es pobre y así habrá de seguir.

La etnia racial a la que se pertenece puede ser, hasta cierto grado, una influencia en la movilidad de la clase social a la que se pertenece. En México, los españoles y sus descendientes directos ocupaban, la escala social alta, mientras que los indígenas se encontraban abajo. Los mexicanos o mestizos, una mezcla racial, descendientes de españoles e indios, constituían las clases media y baja. La clase alta que vivía en la ciudad de México controlaba grandes latifundios rurales a distancia. Llevaban una vida privilegiada, apartados de la clase media, y en especial de las clases bajas, los indios y los mestizos pobres. A pesar del nacimiento temprano de una mezcla social, había muy poca o ninguna oportunidad de movilidad social en dicho sistema (Ricard, 1982). Las oportunidades políticas y económicas para indios y mestizos eran limitadas, lo que creaba un clima de frustración y desesperanza.

La historia de México está llena de explotación y opresión de muchos por unos cuantos. Los españoles, con su doble misión de oro y de Dios, subyugaron a la población nativa; y aquéllos que más sufrían, por lo regular se volvieron hacia otras creencias religiosas y “mundanas” para consolarse.

LA LLEGADA DEL MESIAS

Para mediados de 1920, el país había vivido ya más de cuatrocientos años de sufrimientos. El país estaba destrozado por la revolución, una guerra civil, muerte y destrucción. Al mismo tiempo, el presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928) intentó de una manera cruel liberar a México de la Iglesia Católica (Krauze, 1987).

Es de hacer notar que los Mesías casi siempre aparecen durante periodos de opresión y catástrofe económica, para llenar las necesidades del pueblo de terminar con su sufrimiento. Tal situación se caracteriza por una tensión estructural. La tensión ocurre cuando las necesidades del individuo no se satisfacen a través de las estructuras sociales existentes. Dicha tensión puede producir un sinnúmero de distintos tipos de movimientos sociales, catalogados por los sociólogos como comportamiento colectivo, algunos de ellos guiados por un Mesías.

Los líderes mesiánicos son universalmente carismáticos. La gente los sigue porque tienen características personales, manierismos y apariencias únicas que cautivan a un público. La mayoría de los Mesías son anunciados por fenómenos fuera de lo normal, inexplicables fenómenos naturales, como la Estrella de Belén que señalo el nacimiento de Cristo. En México, erupciones volcánicas y la aparición de un cometa sobre el cielo de la Ciudad de México formaron el marco para la Revolución Mexicana (1910-1917). Estos hechos, se pensaba, auguraban la llegada de un Mesías.

En 1926, se pensó que el descubrimiento de un monolito en el Zócalo de la Ciudad de México era una profecía de que los indígenas recuperarían sus antiguos derechos (Brenner, 1929). Esta profecía había sido hecha unos 475 años antes por sacerdotes indígenas, testigos del entierro del monolito por los españoles. Los sacerdotes pensaron que después de un periodo indefinido de penitencia, él invasor extranjero sería expulsado y se restaurarían la cultura y la religión indígenas. Lo que no pudieron profetizar fue que el redescubrimiento del monolito coincidiría con la aparición de un Mesías mexicano en los desolados desiertos del norte de México.

LA NATURALEZA DEL REDENTOR

Desempeñando la imagen de un redentor, José Fidencio Constantino Síntora, El Niño Fidencio, llamó la atención de la prensa mexicana en 1928. Esto coincidió con la respuesta de los católicos mexicanos a la persecución de la Iglesia Católica por el presidente Calles, conocida como la Guerra Cristera.

Sus seguidores le llamaban El Niño Fidencio, como una referencia directa hacia su caracterización como el Niño Jesús. Algunos de los lugares católicos de peregrinaje más importantes en México están dedicados a la Virgen y al Niño; un ejemplo notable es el altar de El Santo Niño de Atocha, en el estado de Zacatecas. Fidencio era un campesino tan pobre como la gente que buscaba la liberación a través de su mano. El afirmaba que su poder venía de Dios por medio de la tierra y las plantas naturales del desierto. Su regalo espiritual o su don le había sido otorgado por Dios, gracias a una revelación directa de Cristo y el Espíritu Santo, bajo un árbol sagrado de pirul en el centro de Espinazo, una pequeña aldea al norte de México. Fidencio vivía bajo un credo simple:

Los que sufren, tienen la gracia de Dios. A través del sufrimiento se consigue la salud; y es necesario que así lo sea, pues aquéllos que desean sentirse bien, deben fortalecerse por medio del dolor y el sufrimiento (Brenner, 1929, p. 21).

A Fidencio se le llegó a ver como a un santo viviente (Spielberg y Zavaleta, 1997). El interés de los medios de comunicación en sus poderes curativos menguaría en unos cuantos años, pero a Fidencio no le importó perder la atención de los periódicos, pues nunca demostró interés en su posición como celebridad. Con frecuencia mencionaba que su misión en la Tierra no era convertirse en alguien famoso, sino aliviar el dolor y el sufrimiento de la humanidad. Después, numerosos intentos por explotarle fracasaron. Murió como vivió, como un simple campesino descalzo.

LA INFANCIA DE “EL NIÑO FIDENCIO”

Desde la llegada de los europeos en 1519, México ha sido casa de un verdadero desfile de profetas y hacedores de milagros. Todos aparecían durante los tiempos de crisis; todos decían tener poderes sobrenaturales; todos tenían seguidores como, en un culto; todos tuvieron su momento de popularidad y todos parecían insignificantes comparados con El Niño Fidencio (Brenner, 1929).

Sólo existen algunos hechos conocidos sobre los primeros años de vida de Fidencio. Nació en 1898, cerca de la villa de Yuriria, en el estado de Guanajuato. El y un hermano quedaron huérfanos cuando niños y por un tiempo, salieron de la aldea. Pero hacia la edad de once años, Fidencio regresó a Yuriria, donde ayudaba al sacerdote de la iglesia como monaguillo.

Desde muy temprana edad Fidencio mostró gran fascinación hacia la religión (Quiros, 1991). Alrededor de los trece o catorce años trabajó en la cocina de una familia rica. Es curioso que haya sido elegido para un trabajo doméstico; el trabajo en el campo era tradicional para los jóvenes de su tiempo. Acudió a la escuela primaria, pero no por mucho tiempo. No era común y no era de esperarse que un muchacho campesino fuera a la escuela más allá de la pubertad. Como adulto, Fidencio apenas sabía leer y escribir.

Alrededor de 1921, a la edad de 23 años, Fidencio, aún en compañía de su hermano, se estableció en Espinazo, una pequeña comunidad en el norte de México. Nunca abandonaría este lugar.

EL NIÑO CURANDERO

El primer intento de Fidencio por curar fue un acto espontáneo, al tratar de acomodar el brazo que su madre se había roto en una caída. Mientras que el acto de entablillar un brazo puede no tener nada de notable, se dice que Fidencio sólo tenia ocho años cuando ocurrió (Quirós, 1991).

En Espinazo, Fidencio se ganó fama de curar animales y ayudar en su nacimiento, pero no fue hasta que ayudó en el nacimiento de un ser humano cuando su habilidad y fama de curandero y partero se empezó a revelar.

Durante el curso de su vida, El Niño Fidencio tuvo varias experiencias sobrenaturales en forma de revelaciones o visiones; algunas, según su propia afirmación, incluyeron visitas de Jesucristo.

En una temprana visión, Fidencio fue visitado por un extraño hombre barbudo, quien le entregó el regalo espiritual de curar, así como el profundo conocimiento de las plantas medicinales. Fidencio nunca tuvo un entrenamiento formal sobre las propiedades medicinales de las plantas y los remedios caseros; sin embargo, era un experto en su uso.

Una segunda visita sobrenatural ocurrió en 1927. Este evento místico desempeñó una parte muy significativa en su vida. Sintió que esto le autorizaba a compartir el regalo de curar a los necesitados y, por lo tanto, empezar su misión terrenal. De aquí en adelante, Fidencio adoptó la personalidad de un hombre santo y vivió la vida de un ascético. Obtuvo fama de curandero en 1928, a la edad de treinta años. Murió diez años después unos cuantos días antes de cumplir los cuarenta.

EL CAMPO DEL DOLOR

En los primeros días de 1928, México se encontraba en una angustiosa época post-revolucionaria, en la que el Gobierno perseguía a la Iglesia Católica. El clero católico era expulsado, apresado y ejecutado, y se confiscaban las propiedades de la Iglesia. En esos días problemáticos, México volvió sus ojos hacia el desierto del norte del país cuando los primeros reportes de milagros se empezaron a dar.

Las primeras noticias del joven hacedor de milagros describían a un hombre que decía no ser medico ni recetar medicinas de patente. Sin embargo, hacía milagros, como hacer ver a los ciegos y hablar a los mudos. La fama del joven curandero había estado confinada al norte de México, pero ese año casi todos los diarios importantes en la Ciudad de México publicaban artículos de las milagrosas curaciones en Espinazo.

Durante 1928 y 1929, artículos semanales, apoyados por testimonios de testigos, vendieron las habilidades de curandero de Fidencio. Las noticias se difundieron rápidamente, y pronto su fama se extendió en todo México y hacia los Estados Unidos de América y Europa (“He traspasado”, l928 y “The worker of miracles”, 1928).

El Universal de México, uno de los principales periódicos mexicanos, y uno de los primeros en dar conocimiento nacional al fenómeno de Espinazo, mandó a su mejor reportero, Jacobo Dalejuelta y al fotógrafo Cassasola para observar los fenómenos con sus propios ojos. En febrero de 1928, el periódico informo que los dementes, paralíticos y leprosos, alrededor de mil, habían construido un pequeño pueblo de chozas y tiendas alrededor de la casa de Fidencio. Más de mil chozas de madera se habían erigido con rapidez para alquilarlas al creciente número de buscadores de milagros. El Niño Fidencio trabajaba cerca de un árbol sagrado, y los enfermos se reunían a su alrededor en sesiones de curaciones públicas, las cuales eran de día y de noche y duraban varios días. Esta escena se convirtió en un sello conocido como El Círculo de Curación (“Dementes, paralíticos y leprosos”, 1928).

El Universal de México describía a Fidencio como Un joven de pocas palabras, musculoso, de un color amarillento y vestido de forma sencilla (“Dementes, paralíticos y leprosos”, 1928). En su cuarto sólo había una rústica cama de madera, una mesa y una silla, aunque, según informes, no los usaba con frecuencia; prefería sentarse o dormir en el suelo. No comía ni dormía con regularidad y generalmente se alimentaba de líquidos. A pesar de estos hábitos de abstinencia, El Niño Fidencio trabajaba días y noches interrumpidas, sin que ello le fatigara (“El curandero de Espinazo”, 1928).

Desde las primeras señales de su fama como curandero, El Niño Fidencio fue un hombre público. Realizaba sus curaciones frente a miles de testigos, siempre permitió que se le tomaran fotografías y dio numerosas entrevistas. Durante una de las sesiones de curación, El Niño volteó hacia Dalejuelta y le dijo: Abre los ojos, ve a donde quieras, di a la gente lo que has visto y asegúrate de decir la verdad. Al fotógrafo Cassasola, El Niño dijo: Toma fotos de lo que quieras, pero asegúrate de darme copias, porque si no, ninguna de las fotos saldrá (“Dementes, paralíticos y leprosos”, 1928).

Gracias a esto es que existen miles de fotografías documentando su vida y obra. El hecho de que la prensa nacional le diera su atención, predecía que tendría una respuesta masiva. El necesitado, el enfermo y el desahuciado, personas de cualquier clase de vida o nivel social, empezaron a congregarse en la pequeña aldea de Espinazo, conocida por estar en un lugar remoto y por tener un clima áspero.

La mayor parte del año el calor sofoca y cuece la aldea. Cuando no hace calor, un frío desértico cae sobre el paisaje y sobre sus habitantes. Mientras que miles y miles de enfermos y moribundos llegaban en 1928, este punto olvidado del mundo se volvió el Campo del Dolor (“El Campo del Dolor”, 1928). Los esperanzados creaban sus propias instalaciones, improvisando pequeñas chozas y cobertizos amontonando la maleza espinosa de plantas desérticas. Las multitudes enfermas de demencia parálisis, cáncer, lepra y sífilis eran tan grandes, que las personas tenían que esperar por semanas y hasta meses, para que las atendiera. Algunos casi se convirtieron en residentes de Espinazo.

CURACIONES FAMOSAS

Los periódicos publicaban muchos casos de curaciones milagrosas de El Niño. Un caso famoso, repetido muchas veces, tenía que ver con un niño ciego, hijo de un emigrante español. El niño, de dos años de edad, había sido víctima de un accidente con un cohete que le había ido dejando ciego poco a poco, hasta que su ceguera fue total. Los doctores no le daban esperanzas de curarse.

Por las noticias sobre los milagros de El Niño, los padres del infante decidieron llevarlo a Espinazo. El arduo viaje les tomó dos semanas. La familia vivió en una choza de ramas, construida por ellos mismos; usaron su propia ropa para cubrir los agujeros. Pasaron semanas de paciente espera. Cuando llegó el día en que Fidencio vería al niño, no permitió que su madre le dijera la razón de su ceguera. No es necesario que me lo expliques, le dijo (“Dementes, paralíticos y leprosos”, 1928). Pidiéndoles paciencia, El Niño Fidencio dio masaje a los ojos del niño por unos minutos; entonces, levantó su cabeza hacía los cielos, en estado de éxtasis, como si estuviera viendo una visión. Pasado un tiempo, El Niño bajó su cabeza y continuó dando masaje a los ojos del niño hasta que dijo: Ya estás curado... tráiganme un pañuelo para cubrirle los ojos y no se ha quiten hasta la primera luz de la mañana (“Dementes, paralíticos y leprosos”). La familia regresó a su choza. Temprano, la mañana siguiente, al romper el alba, la madre le quitó el vendaje. El niño exclamó: Ya veo (“Dementes, paralíticos y leprosos”). Este caso documentado de restablecimiento de la vista fue después determinado como un caso extremo de autosugestión, que bien pudo haberlo sido. Casos como éste volvían locos a los seguidores de El Niño, incrementando su fama y popularidad.

Otro caso interesante tipificó las curaciones que hicieron famoso a El Niño Fidencio. Una mujer informó que su esposo sufría dispepsia crónica; había consultado a numerosos médicos; fue operado, pero la operación había sido un fracaso. Su condición era tan crítica que se esperaba que muriera. Sin otra esperanza, la pareja decidió ir a Espinazo. El Niño entró en su tienda y sin preguntar sobre la enfermedad del hombre, comenzó a dar masaje a su estómago. Antes de partir, Fidencio, quien con frecuencia usaba fruta como medicina, dejó un gran racimo de plátanos para que se los comiera el paciente. Su esposa le advirtió que no se los podría comer porque la fruta le sentaba muy mal. Sin embargo, al sentirse mejor, el paciente pidió un pedazo de plátano y, para sorpresa de su esposa, poco después pidió más. Después de dos horas se había comido cuatro plátanos que le causaron un vómito violento. Fidencio regresó al día siguiente y continuó dando masaje al estómago del paciente con una pasta medicinal hecha de fruta, jabón y plantas medicinales que llamaba pomada. Para el segundo día, el hombre había mejorado notablemente y para el cuarto día, pudo caminar por primera vez en meses (“Curaciones hechas por El Niño Fidencio”, 1928).

Entre los buscadores de curiosidades se encontraba un médico de la norteña ciudad de Torreón, quien llegó a Espinazo padeciendo parálisis. Fidencio le curó después de sólo una semana de tratamientos. Durante su estancia en Espinazo, el doctor fue testigo de muchas curaciones que dio a conocer, incluyendo la notable curación de un joven de Monterrey que se había vuelto loco. Los doctores habían declarado su demencia como incurable; fue entonces que su padre lo trajo ante El Niño, quien de inmediato le empezó a extraer su dentadura. Después de este procedimiento, el joven recuperó su lucidez rápidamente. La demencia del joven, según el doctor de Torreón, fue a causa de una infección en su dentadura que le había afectado el sistema nervioso. En agradecimiento de su curación, el joven se quedó a trabajar en el recinto de El Niño. Era un patrón muy común en Espinazo que los enfermos sanados dieran servicio voluntario a la comunidad (“Aspectos del Campo del Dolor”, 1928).

EL MITO DE “EL NIÑO FIDENCIO”

Si la prensa desempeñó un papel importante al divulgar las noticias de las curaciones de Espinazo, quizá desempeño un papel mayor propagando el mito de El Niño Fidencio. Se decía que desde pequeño poseía poderes, particularmente de clarividencia. Según algunos informes, cuando una persona que no tenía remedio se acercaba para verle, Fidencio le decía a la multitud: Viene una persona que está perdiendo su tiempo; díganle que se retire y se prepare para su muerte; yo no le puedo ayudar, sólo puedo orar por él (“Aspectos del Campo del Dolor”, 1928). Dalejuelta informó en El Universal de México que un conocido general llamado Peraldi llegó a Espinazo con una enfermedad incurable. El Niño le dijo que se quedara si así lo deseaba, pero que no podía ayudarle; que se pusiera en paz con Dios, porque sus sufrimientos le llevarían a una aventura eterna (“Curaciones hechas por El Niño Fidencio”, 1928). Según el informe, el general Peraldi murió antes de finalizar el día.

Sus seguidores y observadores decían que El Niño Fidencio con frecuencia parecía entrar en trance mientras curaba. El negó ser parte del movimiento espiritista, común en la primera parte del siglo XX y muy popular en México (Kardec, 1989). Siendo una persona muy religiosa, Fidencio sólo aseguraba que estaba en comunicación con el Santo Padre, quien curaba a través de él. Mientras que rara vez mencionaba lo sobrenatural, simples comentarios como el que le hizo al fotógrafo Cassasola —que las fotografías no saldrían si no le daba una copia— eran contados de boca en boca. La prensa repetía la historia, exagerando la creencia de que El Niño tenía habilidad sobrenatural para afectar el curso de los acontecimientos.

No todos los efectos de notoriedad, por supuesto, eran positivos. La creciente magnitud de informes sobre curas milagrosas enfureció a la comunidad médica y las declaraciones de fraude y decepción se hicieron comunes. En la Ciudad de México, el Dr. Neumayer, profesor en la Escuela Nacional de Medicina, dio una demostración pública de las curas de orden psíquico hechas por El Niño Fidencio. Neumayer declaró que México era un lugar fértil para este tipo de curaciones y predijo que la habilidad de El Niño pronto disminuiría (“Opinión de un médico”, 1928).

UNA VISITA PRESIDENCIAL

Los informes periodísticos de las curas milagrosas en Espinazo llegaron a un máximo en los primeros meses de 1928. El 8 de febrero de 1928 el tren presidencial Olivo hizo un alto especial en Espinazo para que el presidente Plutarco Elías Calles tuviera una consulta privada con Fidencio. La visita presidencial se llevó a cabo en el punto más crítico de la persecución del gobierno a la Iglesia Católica. Esto, como es natural, llevó a especular que Calles pretendía extender sus esfuerzos por controlar a la Iglesia. Sin embargo, informes de testigos indican que Calles padecía una seria enfermedad en la piel y llegó buscando la ayuda de El Niño Fidencio. La visita de Calles protegió a El Niño de las interferencias del gobierno local y estatal, al igual que de la Iglesia y las comunidades médicas (Condal, 1977).

Las asociaciones médicas, sin embargo, pidieron una intervención inmediata, no por las prácticas de Fidencio, sino por lo que no se estaba haciendo para proteger a la mayor parte de la comunidad. Era tan grande la cantidad de gente enferma congregada en Espinazo, que el temor del contagio era un problema válido. Muchos pensaban que la situación representaba un serio problema de salud y una amenaza para todo el norte de México (“Dos veces por semana habrá carros por Espinazo”, 1928).

AMIGOS Y ENEMIGOS DE “EL NIÑO FIDENCIO”

Debido a los miles de enfermos graves e incurables que invadían la aldea, era inevitable que el índice de mortandad aumentara en Espinazo. Había muerto tanta gente, que tuvieron que crearse dos nuevos cementerios. Un nuevo cementerio para los milagros de Fidencio informó la prensa de Monterrey (“Un nuevo panteón”, 1928). ¿Cómo es posible que el Presidente de la República haya ido allí y no haya visto la verdad de lo que está ocurriendo?, se cuestionaba la prensa. ¿Se habrá hecho un arreglo para proteger a Fidencio?, se preguntaba la prensa de Monterrey (“Una plaga real”, 1928). En la pequeña aldea donde sólo se registraba una muerte por año cuando mucho, cuarenta y cuatro personas habían muerto en menos de un mes (“Un nuevo panteón”, 1928). La prensa mexicana se enfocó entonces en el debate entre las comunidades médica y espiritista (Kardec, 1986). Con tal publicidad negativa, los gobiernos de los estados norteños de Nuevo León y Coahuila se vieron presionados para resolver el caso del joven curandero.

Las noticias de los periódicos fueron las que primero informaron del culto y de los seguidores que emergieron de las grandes masas de los sanados ("Dementes, paralíticos y leprosos", 1928). Un pequeño ejército de fieles, llamado la Brigada Roja, protegía a El Niño de los constantes ataques de la prensa, la comunidad médica, el Gobierno y la Iglesia. Durante los primeros meses de 1928, la prensa de provincia tenía diferentes opiniones sobre el fenómeno de Espinazo. Los diarios de las grandes ciudades norteñas —Monterrey, Saltillo y Torreón— estaban de acuerdo con el descontento de la comunidad médica, que decía que el gobierno local debería ejercer más control. Monterrey amenaza en convertirse, de una Meca de salud, en una de sufrimiento y muerte (“Espinazo he convertido”, 1928), decía un encabezado. El artículo afirmaba que Monterrey y toda el área del norte de México se encontraban en peligro de una gran epidemia. Las autoridades de Salubridad del Estado de Nuevo León reclamaban que todo tipo de personas con todo tipo de enfermedades se habían congregado, y que era tiempo de acabar con la farsa. La verdad era que dichos artículos denotaban vergüenza por la atención internacional en el caso. Tampoco ayudaba que el área se había visto invadida por un montón de curanderos escandalosos y hacedores de milagros en la primera parte del siglo. Los encabezados decían:

Una verdadera plaga de hacedores de milagros ha invadido a Coahuila y Nuevo León. La competencia entre los salvadores del hombre se intensifica a diario, sin que la caravana de creyentes sepa a quién visitar primero, puesto que todos dicen que sus poderes les vienen de Dios (“Una plaga real”, 1928).

La prensa de la Ciudad de México, por otro lado, apoyaba a El Niño, pero de manera cínica. Las noticias generadas en el norte eran una forma de entretenimiento para distraer a la población de los serios problemas del país, que se encontraba en los umbrales de una guerra civil. El médico francés Charles Morpeau habló en favor de Fidencio en la prensa de la Ciudad de México. Afirmó que sería un error negar en el nombre de la ciencia las curas por las fuerzas espirituales del mundo. Morpeau declaró que:

…la vida se basa en ilusión o sugestión, y nosotros los médicos no hemos tratado de entender la naturaleza de nuestros éxitos. Hay muchas cosas en la medicina que son totalmente inexplicables. Si ha de saberse la verdad, muchos han muerto por culpa de nuestra autosugestión y la inhabilidad de curar una enfermedad (“El doctor”, 1928).

Relatos de la filantropía de El Niño se contaban una y otra vez, y las curas y milagros realizados se contaban como parte de la tradición local. Historias sobre curas milagrosas y sanaciones se convertían en poesía, canciones folklóricas e himnos religiosos. Estas canciones populares, las alabanzas que todavía se cantan hoy día, expresaban los éxitos de El Niño y le daban las gracias a El Niño Fidencio y a Dios por haber sido curados. La prensa de la Ciudad de México informó que las canciones festivas eran cantadas y hablaban del curandero de Espinazo y se cantaban en todo el país, en los pueblos y lugares públicos (“Los poetas campesinos”, 1928). De día y de noche, enfrentando la adversidad, Fidencio continuaba consolando personalmente a quienes sufrían. Sin descanso, ayudaba a sus enfermos. ¡Era su misión¡ De todo el país miles de personas llegaban a Espinazo, aceptaban su medicina y escuchaban sus dulces palabras de sanación espiritual. La mayoría regresaba a sus hogares sin que El Niño supiera siquiera sus nombres. Los periodistas comentaban que las personas, aunque no regresaran jamás a Espinazo, habían sido ayudados con sólo mirar el rostro de El Niño.

Durante el resto de l928 y por varios años después, se compraron más boletos de tren para Espinazo que para ningún otro destino en México. Esta pequeña aldea en el desierto, que anteriormente no había tenido necesidad del servicio postal, tuvo que establecer una oficina de correos que procesaba las 25,000 a 35,000 cartas que llegaban de las multitudes en busca de una cura (“Telégrafo y correo en Espinazo”, 1928). Igualmente, Telégrafos Nacionales abrió una oficina en Espinazo. Fidencio fue la primera persona en usar los servicios de telégrafo, al mandar un mensaje de agradecimiento a la oficina nacional (“Telégrafo y correo en Espinazo”, 1928). Nunca antes uno dé los miles de curanderos que había en México había alcanzado este nivel dé popularidad y notoriedad. La prensa seguía la historia diariamente, con titulares como:

“Grandes caravanas de enfermos parten hacia Espinazo”, “Miles de enfermos regresan a sus casas desilusionados por Fidencio”, “Viajeros a la Ciudad del Dolor mueren o están en peores condiciones”, “Peregrinaciones a Espinazo hacen ricos a los seguidores de Fidencio”, “Noticias contradictorias sobre la verdadera habilidad de El Niño Fidencio”, “El curandero de Espinazo continúa con sus curas milagrosas”, “Las curas de El Niño Fidencio son sorprendentes y producen gran admiración hacia el curandero”, “Todo lo que se ha dicho sobre el celebrado hacedor de milagros palidece ante la realidad”, “El fanatismo de SUS seguidores aumenta” y “Es Dios quien cura a través de mis manos, dice el milagroso Niño Fidencio” (Excelsior, febrero, 1928).

En un lapso de dos años, Espinazo empezó a recuperarse de la locura de 1928 y 1929. Para 1930, los miles dé dementes, deformes, ciegos, paralíticos y personas enfermas en busca de un milagro personal habían desaparecido. Sin embargo, un grupo de fieles, así como gente nueva y curiosos continuaban haciendo el difícil peregrinar año con año. A principios de los años treinta, Espinazo empezó a tener una vida de rutina. La popularidad de El Niño en los medios de comunicación continuaba en declive. Fue atacado por personas de salubridad y medicina y, años más tarde, por la Iglesia Católica. En dos ocasiones fue arrestado y llevado ante los tribunales en Monterrey (Quirós, 1991). Este periodo de constantes ataques fue, sin lugar a dudas, el periodo más importante de su vida, pues mientras su reconocimiento en los medios declinaba, su fama y popularidad entre la gente común se acrecentaba.

ESPINAZO: LA UTOPIA EN EL DESIERTO

El doctor Francisco Vela, vicepresidente del Comité de Salubridad del Estado de Nuevo León, hizo una visita secreta a Espinazo en 1930. Las multitudes habían desaparecido, el espectáculo había terminado. Unos 1,500 enfermos y sus familiares aún seguían allí; todavía un alto índice de personas, comparado con los aproximadamente cien habitantes permanentes del lugar. Espinazo se convirtió de nuevo en un sitio tranquilo.

Mientras que Vela intentaba probar que se trataba de un lugar que no servía para curar, sin querer daba una mirada a Espinazo como una naciente sociedad utópica, una Nueva Jerusalén (en ocasiones llamada Nueva Constantinopla, a partir del apodo de Fidencio), construida alrededor de una figura central a quien se le rinde culto (Da Cunha, 1970).

Largas filas de hombres y mujeres esperaban pacientemente su té caliente de hierbas medicinales o su café, que se servían por la mañana. Las calles de tierra estaban perfectamente trazadas, cada una con su nombre, y había zonas residenciales, con los mismos nombres que las de la Ciudad de México.

Cincuenta chiquillos recibían instrucción de una joven adolescente en la escuela de El Niño Fidencio. Cuando Vela llegó, Fidencio estaba sentado en un gran salón llamado El Foro, un teatro construido para representar obras teatrales y eventos musicales, populares entre El Niño y sus seguidores. Sus admiradores lo rodeaban, lo acariciaban, tocaban sus cabellos, besaban sus pies y manos al saludarle y pedirle ayuda y consejo. El Niño siempre vestía una túnica blanca e iba descalzo; se le veía inteligente y sereno. Tenía un raro color de piel, una mezcla de café y blanco, casi amarillenta, labios gruesos, una gran dentadura y ojos de color claro que evadían la mirada de los ojos intrusos de los visitantes (“El doctor Vela González, sin que El Niño Fidencio lo sospechara, estuvo con él”, El Porvenir de Monterrey, citado por Quirós, 1991, pp. 123-124). A su llegada, se condujo a Vela directamente ante la presencia de El Niño Fidencio, quien con amabilidad le extendió su mano. El Niño le pidió a dos de sus ayudantes, a quienes llamaba esclavos, que lo acompañaran y le enseñaran a su invitado todo lo que quisiera ver.

Lo que al Dr. Vela le pareció más interesante fue un cuarto lleno de botellas llenas de tejidos y tumores extraídos por El Niño; éstos aún hoy pueden verse en Espinazo. El Niño Fidencio realizaba operaciones sin anestesia y usando tan sólo un pedazo de vidrio de una botella rota como instrumento de cirugía. Vela afirmó haber visto muchos de los que “obviamente” eran tumores benignos. Sin embargo, comentó que los más experimentados cirujanos de la época no se hubieran atrevido a realizar esas operaciones en sus consultorios, dando a entender que algo extraordinario poseía aquel curandero que realizaba dichas cirugías.

Vela fue llevado a todas las áreas del recinto de El Niño: el corral La Dicha, donde se mantenía a los dementes, el lugar donde se cuidaba a los leprosos, la sala de maternidad, el cuarto postoperatorio, El Columpio, para atender a los mudos, los grandes contenedores de concreto donde a diario cocían las hierbas medicinales, el jardín de las fiebres y la famosa charca de lodo conocida como El Charquito. El visitante quedó sorprendido por el orden y la sencillez casi infantil de aquel lugar. Llegó a la conclusión de que era como si un niño jugara a tener un hospital de tamaño natural (“El doctor Vela González, sin que El Niño Fidencio lo sospechara, estuvo con él”, El Porvenir de Monterrey, citado por Quirós, 1991, pp. 123-124). Nada de esto podía funcionar, nada de esto podría ser efectivo, pensaba, al tiempo que una, dos y tres procesiones fúnebres pasaban frente a él. Los lugares de los tratamientos generalmente estaban separados entre sí por cientos de metros y Fidencio hacía sus visitas diarias a sus enfermitos, siempre seguido a pie por su séquito de fieles. Mientras caminaban descalzos en las polvorientas calles de Espinazo, cantaban himnos religiosos. Después, Vela diría:

Fidencio es un inocente que ni siquiera se da cuenta que padece de una demencia que le hace creer que ha sido llamado por Dios para curar a los enfermos. Aquéllos que no son niños inocentes son quienes lo rodean y promueven su increíble habilidad ante las masas de los sufridos que no conocen nada mejor (Quirós, 1991, p. 123).

El último vistazo de los periódicos nacionales hacia Espinazo y El Niño Fidencio ocurrió en 1937, un año antes de su muerte. La revista fotográfica Hoy, el equivalente de la revista norteamericana Life, presentaba un análisis de los eventos ocurridos en Espinazo nueve años después de que la prensa arrasara al pueblo de Espinazo en 1928. Esta invaluable exposición da la oportunidad de ver de cerca el último año de vida de El Niño Fidencio fotografías en el articulo muestran escenas que incluso hoy son familiares, puesto que Espinazo ha cambiado poco desde 1937.

A fines de los años 30´s unas cuantas docenas de personas descendían diariamente de los trenes. Las oficinas de correos y telégrafos de ocho años antes habían desaparecido. Los enfermos desahuciados, faltos de esperanza, con o sin médico, continuaban llegando a Espinazo en busca de un milagro personal. Muchos regresaban a su casa desilusionados. Ni siquiera sé escribir, señor, Fidencio le dijo al reportero: Sólo uso el regalo que Dios me ha dado para ayudar a estas personas que sufren (“Con Fidencio en Espinazo”, 1937). Uno de sus jóvenes ayudantes dijo: Fidencio conoce todas las plantas medicinales que se usan para curar, qué lástima que nunca haya estudiado medicina (“Con Fidencio en Espinazo”, 1937).

Un pie de foto en Hoy decía: Detrás de él, la imagen de tamaño natural de Cristo, de quien él dice emana su poder; ante él los dolientes, personas que parten del lugar, curados de maneras que retan a toda explicación médica, al igual que hay algunos que no se irán jamás (“Con Fidencio en Espinazo”, 1937). Unos se van sanados, otros sólo se sienten mejor, otros peor; pero todos se van creyendo que Fidencio hace por ellos lo que ningún doctor podrá. Casi todos le consideran un sacerdote y le ruegan 1es dé su bendición, al tiempo que él eleva su crucifijo ante sus seguidores. El artículo plantea las preguntas:

¿Qué clase de hombre es éste, que hubiera podido ser uno de los más ricos y poderosos en México? ¿Qué clase de hombre es éste que regala más de un millón de pesos? ¿Qué clase de hombre es éste que prefiere vivir una vida de campesino, que incluso rechaza una cama donde acostarse y camina descalzo en las polvorientas calles de Espinazo para curar a los dolientes? (“Con Fidencio en Espinazo”, 1937).

La enigmática paradoja que representaba la vida de Fidencio ante la gente de México sirvió para apoyar su legitimidad como un beneficiario de habilidades sobrenaturales, enviado por Dios a la Tierra para curar a los enfermos, aliviar el sufrimiento y predicar la palabra del Nuevo Jerusalén.

El artículo de Hoy no especulaba sobre la cordura de Fidencio o si el gobierno tendría que intervenir para evitar una epidemia en la región. El Niño Fidencio, envejecido, cansado y desaliñado, simple y sencillamente atribuía su éxito a Dios, y reiteraba que él no había pedido ser elegido para esta vida. Dios lo había elegido para cumplir su destino al servicio de los pobres y los sufridos. Soy tan sólo un simple campesino cumpliendo la voluntad de Dios (“Con Fidencio en Espinazo”, 1937).

Casi desde el principio de su leve paso por la fama, Fidencio predijo su temprana partida de este mundo. A diario emulaba y vivía la vida de Cristo como él la entendía. Sus protectores moldeaban un simbolismo religioso a su alrededor, perpetuando la idea de que El Niño Fidencio era el Mesías, que él era el Cristo. La vida de El Niño en Espinazo reflejaba de tal manera la vida de Cristo, que sus seguidores esperaban que él muriera en 1931, a la edad de treinta y tres años. Muchos de sus seguidores se sorprendieron de que hubiera vivido hasta cerca de los cuarenta años. Cuando murió; sus fieles en verdad esperaban que resucitara al tercer día (“Fidencio no quiere salir de Espinazo”, 1928). La noticia de su muerte, el 17 de octubre de 1938, corrió tan rápido como el telégrafo y los rieles del tren lo permitieron. De principio a fin, El Niño Fidencio sólo tuvo diez años de su vida para curar a los enfermos y servir a los pobres.

EL CULTO DE “EL NIÑO FIDENCIO”

Como se dijo anteriormente, los cultos normalmente se desarrollan alrededor de un líder carismático. Para 1935, un culto organizado se había creado alrededor de El Niño en Espinazo. Un problema central al que se enfrentan la mayoría de los cultos es la continuidad de su movimiento después de la muerte de su líder. Es raro que otra persona carismática reemplace a su líder original.

El carisma, por naturaleza, es inestable. Sólo puede existir en su forma más pura mientras el líder carismático está vivo. El reto para sus seguidores consiste en crear una situación en la que el carisma, en alguna forma adulterada, continué aún después de la muerte del líder. En otras palabras, el carisma debe hacerse rutinario, institucionalizado de forma burocrática. Por definición, las burocracias son estructuras organizadas que tienen posiciones especializadas, líneas de autoridad, puestos basados en méritos y reglas escritas que dictaminan el comportamiento de las personas en la organización.

Se establecieron intereses que influyeron para mantener el culto de El Niño Fidencio. Espinazo se había convertido en uno de los destinos de peregrinación más importantes de México, y lo sigue siendo hasta la fecha (Schneider, 1995). Legiones de fieles, junto con aquéllos que buscan un milagro en sus vidas, hacen el viaje a Espinazo año tras ano. Muchas personas de la comunidad y sus alrededores se ganan la vida sirviendo a estos visitantes.

El movimiento fidencista ha desarrollado un calendario litúrgico basado en el paradigma de la Iglesia Católica, integrándolo con el antiguo calendario agrícola indígena, que se divide en ciclos semestrales. El ciclo religioso fidencista combina los ritos católicos tradicionales y las prácticas indígenas en la celebración y culto de las personas santas. Sus sepulturas se veneran como lugares sagrados.

La influencia indígena en las celebraciones fidencistas se puede observar en los danzantes llamados matachines, quiénes con el sonar de los tambores, y con arcos y flechas en la mano siguen la ruta penitente hacia la tumba de El Niño (Gilles y Treviño, 1994).

A medida que El Niño se convertía en un santo popular la comercialización de objetos religiosos con su imagen empezó a parecer en los mercados y lugares de peregrinaje en México. La inmigración masiva de trabajadores mexicanos hacia los Estados Unidos de América desde 1938 ha extendido la fama de El Niño Fidencio. Hoy en día pueden encontrarse artículos religiosos con su imagen en un sinnúmero de altares domésticos de Texas, y a lo largo de comunidades del medio oeste norteamericano (Samora, 1971.)

La difusión de El Niño como un santo acrecentó la creencia popular que había sido enviado a la Tierra por Dios en una misión especial, para curar a los enfermos y aconsejar a los necesitados Esto le ha dado fama como el divino doctor y el abogado de los pobres.

La apariencia física de El Niño, sus manierismos simples, su túnica religiosa, su grave y amable voz y su rostro sin barba sirvieron para realizar su nivel de figura mítica y de culto (Gardner, 1992). No es de extrañarse que sus seguidores algunas veces le llamen "El Cristo de Espinazo”. Antes de su muerte había empezado a escenificar pasajes de las Escrituras, emulando la vida de Cristo. Apoyando aún más su nivel de figura de culto, El Niño tenía una gran habilidad para anticipar las preguntas y dar respuestas correctas, al tiempo de dar espontáneas y profundas explicaciones sobre complicados temas religiosos. Al igual que Jesucristo, El Niño daba mensajes espirituales con una combinación de parábolas y alegorías y con frecuencia escenificaba sencillas obras pastorales para poner en claro lo que decía.

EL ESPIRITISMO

El Niño Fidencio dijo a sus seguidores que después de su muerte se comunicaría con ellos a través de mediums espiritistas. Les advirtió que habría muchos que se harían pasar por él. Observen cuidadosamente, les dijo, porque sólo un selecto grupo llevará mi mensaje (Zapata de Robles, 1994). Aproximadamente dos años antes de su muerte, Damiana Martinez y Víctor Zapata — ambos discípulos de El Niño —, quienes vivían a cierta distancia de Espinazo, en a entrar en trances y a recibir mensajes de El Niño. Los mensajes telepáticos del curandero se convirtieron en una característica del culto fidencista y el haberse alejado de la figura de Jesucristo para enfocarse en la mediación del espíritu de Fidencio, es la razón más importante por la que la Iglesia Católica no acepta el fidencismo. Mientras que los dogmas básicos del fidencismo son católicos, su mecanismo operativo es espiritista, lo que es inaceptable para la Iglesia Católica (López de la Fuente de González, 1993). Además, el catolicismo prohíbe estrictamente venerar a cualquier persona sin que ésta haya sido beatificada o canonizada. Después de la muerte de El Niño, los eventos de trance crearon un complejo sistema de comunicación espiritual entre el fallecido curandero y sus seguidores. Esta práctica continúa hasta la fecha, como parte de la rutina del carisma.

Después de su muerte, durante los últimos meses de 1938, se formó una organización para perpetuar el culto a Fidencio. Los asistentes en vida más cercanos a Fidencio se reverenciaron como sus apóstoles. A Damiana se le reconoció como la Vocera Principal de El Niño en la Tierra y lideresa del movimiento; fue la primera en ocupar el puesto de La Directora. Víctor Zapata era el encargado de denunciar a las voces falsas. En años posteriores, sus obligaciones lo convirtieron en El Revisador o Inspector General.

El liderazgo fidencista hizo un gran esfuerzo por recordar y registrar los mensajes recibidos de El Niño. Puesto que era común el alto índice de analfabetismo en México durante los años treinta y cuarenta, los mensajes espirituales o escrituras tenían que aprenderse de memoria y repetirse continuamente, hasta que se presentaba la oportunidad de ser transcritos.

Aproximadamente han sobrevivido cien escrituras, y forman una base coherente para la organización, incluyendo el sistema emergente de creencias, ritos y celebraciones y el tipo de interacción entre sus seguidores, llamados hermanos y hermanas.

ESFUERZOS MISIONEROS

Se establecieron misiones o templos a las afueras de las cercanas villas y pueblos desérticos del norte de México. Se desarrollaron grandes plazas fidencistas en varias ciudades norteñas como Monterrey, Saltillo y Torreón, y muy en especial en las ciudades fronterizas tamaulipecas: Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros; además de en la ciudad de Guanajuato. Más misiones nacieron en las áreas donde se establecieron trabajadores y agricultores emigrantes: Texas, Indiana, Ohio, Michigan y Colorado, así como en los estados de Washington y Oregón en el noroeste de los Estados Unidos de América. Cada misión se formaba alrededor de un medium llamado materia (Zavaleta, 1992). El éxito continuo de las misiones locales depende también de la habilidad del grupo para identificar a uno de sus miembros con el regalo espiritual o don, y de desarrollar nuevos mediums. La experiencia fidencista siempre ha alentado y recibido con gusto la participación de niños como una fuente invaluable de mediums potenciales. Casi sin excepción, en los años 40 los mediums fundadores fueron mujeres, madres de familias numerosas. Ellas combinaban la difícil tarea de criar una familia, con la cada vez mayor demanda de su tiempo, debido a la mayor actividad de las misiones, que crecían con rapidez.
A su muerte, Fidencio fue sepultado en su hospital; sus seguidores no permitieron que sus restos fueran llevados al cementerio. Establecer una tumba-santuario le dio a Espinazo una categoría de lugar de peregrinaje de mayor posición. Los milagros generalmente se asocian con lugares sagrados. En la actualidad, los necesitados y los fieles llegan a Espinazo buscando y recibiendo curaciones milagrosas en el lugar del entierro conocido como La Tumba. Los mediums generalmente viven a gran distancia de Espinazo, pero hacen el viaje por lo menos una vez por año. Muchos hacen la peregrinación más seguido.

Los mediums y sus seguidores en ocasiones compran terrenos baratos en Espinazo y construyen casas de adobe para usarlas, junto con sus seguidores, cuando visitan el pueblo para una fiesta (Ovalle de Tamayo, 1989). Durante las fiestas (marzo y octubre, correspondientes a los equinoccios de primavera y otoño), Espinazo se llena de automóviles, camionetas y autobuses con placas de una docena de estados norteamericanos y de un gran número de estados de la República Mexicana. Las peregrinaciones a Espinazo, ahora conocida como Tierra Santa, conforman el centro alrededor del cual se desarrollan los eventos anuales del pueblo. Las misiones locales continuamente se están preparando para ir a Espinazo, o recién regresan del lugar.

Los mediums locales funcionan como consejeros y cura por lo que durante todo el año los fieles reciben los beneficios de las curaciones, concesiones, deseos cumplidos y problemas solucionados. Al otorgarse un milagro se crea una deuda espiritual, la manda que se debe al santo católico o espíritu, lo que requiere que quien recibe el milagro realice una penitencia de gratitud y viaje a la Tierra Santa para dar las gracias. Al realizar la manda de hacer el viaje quien recibe el milagro cumple con su penitencia. Este proceso se repite durante la vida de quien suplica, y garantiza que los miembros de la misión local siempre regresarán a Espinazo.

Además, aquéllos que han recibido un milagro en sus vidas funcionan como un artículo de mercadotecnia en la comunidad México-Americana. Sus testimonios atraen una corriente constante vas personas necesitadas hacia la misión. Los fidencistas, por lo general, son devotos de santos católicos y hacen peregrinaciones a diversos santuarios católicos en México.

En los años cuarenta y cincuenta, la Directora y el Revisador se convirtieron en representantes vivientes de El Niño Fidencio Tierra y en las fuerzas de apoyo detrás del culto. El movimiento fidencista continuó creciendo en fuerza y número entre 1938 y principios de los años setenta, extendiendo la esfera de su influencia geográfica. El ciclo litúrgico quedó completamente establecido incluyendo fiestas semestrales y el desarrollo de una red de misiones locales fuera de México.

EL MOVIMIENTO FIDENCISTA EN LA ACTUALIDAD

Desde la muerte de El Niño, hace 67 años, los incrédulos han insistido que su memoria se borraría y desaparecería con el tiempo. Es un hecho que ha ocurrido todo lo contrario. Actualmente, Fidencio cuenta con una popularidad sin rival como curandero y consejero en el panteón de santos populares mexicanos y México-Americanos y santos católicos. En los Estados Unidos, la continua popularidad de El Niño Fidencio se debe al hecho de que la mayor parte de la comunidad México-americana tiene sus orígenes en el sur de Texas y el norte de México.

Hoy en día, miles de creyentes están organizados libremente en comunidades socio-religiosas compuestas por templos de sanación o misiones. El movimiento fidencista se apoya, en su nivel básico, en mediums locales. Cientos de misiones locales amparan a cientos de miles de fieles seguidores, al igual que a miembros esporádicos, o a quienes visitan por única vez.

El crecimiento del fidencismo se realza por un sistema informal de comunicación oral que opera de forma efectiva en la comunidad latina (Escamilla, 1995). La estructura y la función de las misiones fidencistas en las comunidades mexicanas y México-Americanas se basan en la fe y en la falta de asistencia médica local.

Los individuos que buscan ayuda de sanación en las misiones fidencistas se dividen en tres categorías. La primera es un pequeño círculo de fieles creyentes y ayudantes. El segundo grupo consiste en asistentes asiduos. Estos individuos, por lo regular, participan en sesiones de curaciones semanales y en actividades especiales del templo. El tamaño del grupo regular depende de diversos factores complejos, incluyendo la popularidad del medium en trance. El tercer grupo consiste de personas en busca de tratamiento por etapas. El tamaño de este grupo depende del éxito de la red informal de boca en boca que haya establecido el grupo regular.

La mayoría de los miembros regulares del templo fidencista realizan presentaciones semanales para bendiciones, barridas, limpias y apoyo emocional positivo. Casi sin excepción, los miembros regulares han recibido un milagro de El Niño Fidencio. En los casos difíciles que requieren de un beneficio continuo, se espera que los beneficiados recuerden a quién le deben su buena fortuna. No se espera reciprocidad económica por la intercesión de El Niño ante el Padre Celestial. Se aceptan limosnas. La lealtad se demuestra asistiendo con regularidad a las actividades en el templo y apoyando sus actividades.

Las primeras visitas al curandero fidencista casi siempre se deben a un problema serio físico, emocional, personal o económico en la vida del visitante. Al contrario de la creencia popular, las personas que buscan el cuidado físico de un curandero no lo hacen como primera elección. Casi sin excepción, por lo regular se ha visitado primero a un médico. Si la terapia médica no ha sido exitosa, se buscan terapias alternativas, y en especial, un tratamiento milagroso. Cada misión fidencista cuenta con un grupo regular de personas que dan increíbles testimonios de curas milagrosas e imposibles que recibieron, gracias a la intervención de El Niño Fidencio. Estos hechos con frecuencia se documentan.

En la comunidad México-Americana por lo regular no se tratan las enfermedades crónicas. Por lo tanto, la diabetes, hipertensión, artritis y otros males de este tipo son enfermedades comunes en el flujo de pacientes de El Niño Fidencio.

Las enfermedades físicas son tratadas por curanderos México-Americanos de diversas maneras. Trabajan tanto en el nivel material y mental como en el espiritual (Trotter y Chavira, 1981). En los templos fidencistas, el nivel material del tratamiento consiste en técnicas y remedios de curaciones tradicionales no-espirituales (Kiev, 1969). Mientras que los niveles de tratamiento material y mental son comunes, el tratamiento espiritual, directamente del espíritu de El Niño Fidencio, tiene más valor.

Se dice que los curanderos trabajan espiritualmente cuando se encuentran en estado de trance. Las sesiones de curanderismo individual, por lo regular, siguen el mismo patrón. El espíritu de El Niño Fidencio saluda al paciente y éste regresa el saludo. Luego sigue una discusión personal del problema con el espíritu de Fidencio. En enfermedades físicas, El Niño trabaja a través del curandero y de inmediato se enfrenta al problema, usando una combinación de técnicas. Estas incluyen masajes, barridas, limpias, y en casos graves, cirugías espirituales. Por lo regular, El Niño receta el remedio, que puede sen una mezcla de hierbas y artículos religiosos y requiere que el paciente siga un procedimiento o ritual en su casa, seguido por una nueva visita al templo.

La cantidad de visitas a El Niño para aliviar enfermedades físicas es igual, o sobrepasa, las visitas por motivos personales. Mientras que muchas consultas son graves, y se relacionan con graves problemas familiares, muchas son simples visitas de rutina de los fieles para recibir apoyo emocional.

Las investigaciones constantemente demuestran que la comunidad México-americana no está siendo atendida adecuadamente en el cuidado de su salud mental (Asesoramiento psiquiátrico de la población México-americana, 1995). En los Estados Unidos de América, el tratamiento de la salud mental se ha convertido en algo común. Sin embargo, los estereotipos étnicos continúan promoviendo los mitos que sugieren que los México-americanos son pobres, pero felices, que viven vidas simples, bien adaptadas, libres de los problemas de salud mental y emocional que experimenta la clase media norteamericana. El estereotipo apoya la idea de que los México-americanos no necesitan ayuda, por lo que la población de más alto crecimiento en el país tiene poco o ningún acceso a la ayuda emocional o mental. Por el gran crecimiento y la pobreza de esta población, en comparación con la población en general, podemos esperar que los sistemas de curación alternativa continúen floreciendo. En cualquier país del mundo, incluyendo México, los asistentes de la salud, con un limitado apoyo médico, atienden aproximadamente el 80% de las necesidades físicas y emocionales de la población (Velimirovic, 1978).


CONCLUSION

El Niño Fidencio dedicó su vida a solucionar las necesidades físicas y mentales de la población; sin embargo, un aspecto importante del movimiento que lleva su nombre es su surgimiento como una religión popular. En Latinoamérica, las creencias indígenas se han mezclado con el catolicismo; el sincretismo híbrido que se ha producido constituye alternativas que florecen ante una desinteresada y silenciosa Iglesia Católica. El fidencismo no busca remplazar al catolicismo, sino simplemente ser aceptado por él. El rechazo de la Iglesia Católica hacia este movimiento sólo sirve para apartar a grandes segmentos de la población en Latinoamérica. Muchos sacerdotes católicos de la comunidad latina simpatizan abiertamente con las creencias de sus feligreses hacia El Niño Fidencio.

El verdadero encanto y carisma del movimiento, que es lo que atrae a un creciente número de personas a sus filas, es su profunda piedad. La fuerte creencia y la fe de los fidencistas representan un intento de imitar la vida de Cristo. El fidencismo nunca deja de sorprender al observador por la belleza de su simpleza mística. Mientras que uno se siente obligado a explicar sus misterios, entre más se investigan, más se da uno cuenta de que no se deben explicar, sino simplemente vivirlos.

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